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Respirando hondo...

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Solamente a mí se me podía ocurrir meterme a reformar la casa sin haber hecho antes un curso de relajación mental de esos que están tan de moda últimamente. Y no lo digo porque los obreros que he contratado sean poco profesionales, sino porque al final mi nivel de satisfacción no llega al aprobado. Os cuento.

Decidí que ya estaba bien de tener el cuarto de baño en una habitación distinta, y quería integrarlo en mi dormitorio. Hasta ahí todo muy sencillo, ¿verdad? No parecía muy complicado el asunto, máxime cuando una solitaria pared de ladrillos separaba ambas estancias. Incluso os diré más: si hubiera tenido la precaución de buscar en Internet me habría ahorrado un montón de problemas, porque a posteriori encontré una página Web que reunía un montón de información sobre albañiles de toda España (os dejo un enlace por si necesitáis más información).

Pues bien, como no hice esa búsqueda terminé contratando a una cuadrilla que más que cuadrilla parecía una banda. Y desafinada. Además de venir de bastante lejos (con lo que los desplazamientos me los cuentan como horas de trabajo y se van del piso antes) se metieron a la faena sin haberme consultado un plan de intervención, o si quería alguna cosa en particular. Desenfundaron la herramienta y en un instante tenía un hermoso boquete en la pared... Y un desconchón en la bañera, ya que los cascotes habían caído de ese lado.

Pero esperad, que aún hay más. Como todo lo empezaron a hacer a las bravas no me dio tiempo a concretar las cláusulas del contrato, por lo que esos piquetes en los sanitarios me temo que los voy a tener que pagar yo. Si la cosa se hubiera detenido ahí no estaría mal, pero es que siguió su curso hasta terminar en un desastre aún más completo y total. Resulta que un escoplo mal dirigido y una pésima planificación en la búsqueda de las tuberías de la calefacción radial con la que caliento mi hogar convirtieron la pared en un hermoso surtidor de agua hirviendo que estuvo vomitando hasta que alguien, con buen criterio, apagó la caldera. Lo que ha supuesto, naturalmente, que la temperatura en mi casa haya bajado tanto que hasta las pelusas llevan bufanda. Sobre los charcos de agua en el suelo casi mejor me callo.

Así que si no queréis pasar por todos los avatares que me ha tocado experimentar a mí el consejo es bastante obvio: planifica y deja claro lo que quieres y, sobre todo, que nadie toque un martillo o un metro antes de haberlo firmado todo bien. Ahórrate esos problemas por los que estoy pasando yo.

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