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El saber no ocupa lugar

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En efecto, aunque dice el dicho que el saber no ocupa lugar nos cuesta horrores adentrarnos en el conocimiento de algunos conceptos y contenidos. Bien sea por pereza, bien porque estimemos que no lo vamos a hacer bien, el caso es que vamos dejando todas nuestras buenas intenciones en estado latente: aprender idiomas, adentrarnos en el proceloso mundo de la informática, apuntarnos a un gimnasio, correr al menos durante media hora todos los días, etc.

Pero en ocasiones afrontar la vida diaria con algunos conocimientos básicos es fundamental si queremos desempeñarnos con cierta soltura y que no nos den el temido gato por liebre. No estamos sugiriendo que tengamos que dominar cuatro lenguas y saber qué significan todos los indicadores financieros, pero un poco de esfuerzo por nuestra parte a la hora de entender los arcanos de la vida diaria nos van a ser beneficiosos.

Por ejemplo, si no somos muy hábiles en el cuidado de nuestro coche puede suceder que tengamos una avería y nos cobren un sobreprecio por ignorar algunas cuestiones de interés. En estos casos lo fundamental es conocer la siguiente página, en la que se desglosan multitud de desguaces de coches. ¿Por qué desguaces? Porque son lugares en los que nos van a ofertar piezas económicas y funcionales, así que tienes que tener constancia de la existencia de este sitio para comentarlo con tu mecánico y resolver tu avería al mejor precio.

Otra cuestión fundamental es el control de tus facturas, y más en los tiempos que corren. No es lo usual, pero puede ocurrir que la empresa que te suministra la electricidad o el gas se haya equivocado en la facturación y te haya cobrado un mes dos veces, o que haya aplicado porcentajes equivocados. En esta ocasión has de saber interpretar el extracto que te mandan a casa, saber leerlo, para poder reclamar con justeza lo que es tuyo y se te ha cobrado de más.

Y por favor, ten un control sobre lo que tus hijos ven en Internet. Tal vez te de una pereza enorme ponerte a instalar un programa de control parental, o no quieras inhibir ciertas páginas de los navegadores que utilizas, pero unos conocimientos sobre el particular no te van a hacer daño y evitarán que tus retoños vean contenidos improcedentes o para adultos. En este caso, como en todos los demás, que el asunto funcione bien es responsabilidad tuya. Dejarlo todo al albur o a la improvisación provocará lamentos futuros, así que no te recoloques todavía en el sillón y dedica un poco de tu tiempo a aprender para hacer las cosas bien. Ya sabes, el saber no ocupa lugar...

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