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Un futuro menos oscuro gracias al esoterismo

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Allí estaba yo, delante de la puerta de la adivina. La había buscado en una Web llamada canalesoterismo.com (si tú también quieres la dirección de la página haz clic aquí y comprueba lo interesante que es), así que estaba convencido de que su calidad y su inefabilidad iban a ser interesantes y positivas. He de decir que nunca había recurrido a un servicio de este tipo, así que al hacerlo ahora por vez primera cierto hormigueo me recorría la cerviz de un modo entre agradable y nervioso.
La puerta, tras dos toques al timbre, se abrió. Misteriosamente allí no había nadie para recibirme, aunque sí vinieron a mi encuentro los olores a sándalo, a incienso, a misterio y a oscuridad. Avancé por un pasillo tenuemente iluminado, accedí a una habitación llena de velas y me senté en un cómodo sillón que había al lado de la mesa.
La adivina era joven, o al menos lo parecía en aquella negrura sin fin. Vestía un pañuelo en la cabeza y se adornaba con sedas y alhajas brillantes. Sus ojos, negros como el carbón, miraban con cierto detenimiento los míos, escudriñando mi interior como quien lee un libro. La conexión era total, no hacían falta las palabras. Su boca, aún cerrada, se contraía y se relajaba como en un ejercicio gimnástico, y las manos de la adivina se deslizaban suavemente por la superficie fría de una bola de cristal. Sin embargo al pedirme, mediante gestos, que yo tocase la bola me sorprendí gratamente, ya que notaba un calor palpitante bastante agradable, el cual emanaba del interior de aquella esfera cristalina.
Una vez que mi palma se asentó sobre la bola la adivina empezó a ver cosas, las cuales se reflejaban con vivos colores en su rostro. Aparecían los naranjas, los verdes, los violáceos, y una y otra vez un color blanco lechoso que parecía incomodar a la mujer. Según me contaron después el blanco siempre habla de muerte...
Tras la sesión la adivina me escribió sus impresiones en un papel. Su caligrafía tenía una enorme personalidad y recordaba a aquellos trazos sinuosos y serpenteantes que algunos hacían en su cuaderno cuando se aburrían. Sólo que aquí tenían un significado pleno, que me lancé a leer de forma ávida. Allí, resumidas, estaban las líneas que explicaban cómo iba a ser mi devenir futuro y cuál era la senda que debía elegir. Debo reconocer que algunos pasajes me asustaron, pero otros resultaron muy gratos. Eso sí, si me lo permitís haré como la adivina, guardaré silencio. Mi futuro, en efecto, es algo que me concierne únicamente a mí...

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