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Cumpliendo la palabra dada

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Pues sí, a principios de año me hice los propósitos que todos nos hacemos para llevar a cabo a lo largo de los 365 días nuevos que tenemos por estrenar. Y yo, está claro, me marqué algunos objetivos que, entendía, podía cumplir fácilmente, sin necesidad de sobreesfuerzos ni de sacrificios enormes. Sin embargo estaba muy equivocada. A veces llevar a buen puerto los propósitos de Año Nuevo puede suponer una buena carga de sudor. No diré lágrimas porque me parece un poco fuerte, pero alguna que otra se ha escapado...

Pues sí, me propuse apuntarme a un gimnasio y en ello estoy. Busqué en Internet una página en la que informarme con garantías sobre los centros deportivos más cercanos, consulté sus datos y me inscribí. La verdad es que la Web que tuve la suerte de hallar está genial, porque es muy sencilla de usar y no hay que montar ninguna búsqueda intrincada ni nada por el estilo. Por eso si estáis en mi misma situación la recomendación no puede ser otra que la de que la uséis para encontrar ese gimnasio al que ir a sudar un poco. Os dejo un enlace por si necesitáis más información.

Puedo aseguraos que la primera semana fue terrorífica. En efecto, cuando llegué el primer día tenía la intención de tomarme las cosas con tranquilidad, pero cuando el cuerpo se calentó y fui avanzando en los ejercicios, muy pronto me olvidé de esa premisa. Conclusión: unas hermosísimas agujetas hasta en el cielo de la boca. Sin embargo no me quedé en casa, ya que es lo peor que se puede hacer cuando uno se pone a cultivar el cuerpo. Con tesón y con fuerza de voluntad me dirigí de nuevo al gimnasio al día siguiente, y al otro día. Iba sumando más agujetas en músculos que no sabía ni que existían, y todos los días acababa completamente sudada por el esfuerzo. Sí, es cierto que algunos propósitos de Año Nuevo son demasiado exigentes.

Eso sí, os tengo que decir que en el mes escaso que llevo subida a máquinas que más parecen potros de tortura he ganado mucho. Ahora tengo más resistencia, me canso menos y no me pongo a jadear cuando me ato los zapatos. Está claro que el gimnasio me ha venido bien, y es obvio que como le veo aspectos positivos voy a seguir confiando en él. Y tú, querido lector, tal vez deberías hacer lo mismo...

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